martes, 1 de mayo de 2012

Día de la Madre



A raíz de que el próximo domingo 6 de mayo se festeja el Día de la Madre en España tengo un cuento para Lucía y una poesía homenaje para mi madre.

Cosquillita

Había una vez una Cosquillita que se alojó en la panza de Ana. Al principio era muy, muy pequeñita pero a medida que fue pasando el tiempo fue ocupando casi todo su cuerpo hinchando su corazón a punto de explotar de emoción. Ana estaba muy preocupada y le preguntó a su madre qué significaba esa Cosquillita que había prendido en ella y que ahora casi la rebasaba. Su mamá le explicó que esa Cosquillita la acompañaría toda la vida y sería lo más propio con lo que pudiera contar, que surgiría cada vez que quisiera saber algo de la vida, que la impulsaría a conocer el sentido de las cosas y que nunca más podría liberarse de ella porque era parte de sí misma. Ana se miró al espejo y sintió que esa Cosquillita había contagiado cada acorde de su risa reflejándose primero en los ojos de su madre, después en los ojos de su abuela, más tarde en los ojos de cada madre-amiga, de cada amiga-madre para por último, mirar los ojos de su hija y romper a carcajadas.    

¡Gracias a todas las mujeres de mi vida que me han enseñado y me siguen enseñando todos los días que es maravilloso tener esta Cosquillita!

Madre

El sentido que sostiene el alma,
El sustantivo de todas las acciones,
El reservorio absoluto de todas las lágrimas,
El instante preciso de cada plegaria,
La fuerza sublime con la que se llama.

Madre de abrir las puertas soñadas,
Madre de caminar los espacios desconocidos,
Madre de decir las letras pensadas,
Madre de volar las libertades conquistadas.
Femenina arma de todas las armas.

Fresco alimento de agua clara,
Leche de la vida y de los tiempos,
Fruto de mensajes y conceptos,
Límpido planeta del encuentro.
La respuesta justa, el fluir perfecto.

Madre de sentir la razón adentro,
Madre de creer con sólo una mirada,
Madre de soltar en silencio, callada,
Madre del dolor interno que clama,
Madre de la risa y la alegría en llamas.

Sílabas pronunciadas por el amor latente,
Sujeto de las frases más nombradas,
Caricias de las manos aterciopeladas
De alguien que entrega incondicionalmente.
Madre, siempre madre de todas las palabras.          

domingo, 25 de marzo de 2012

Diario de sábado por la noche


Sábado por la noche. Cena entre amigas, la tercera salida de Ana después de haber tenido a su hija hace casi 10 meses atrás. Tras 4 meses de baja y 6 de desempleo está volviendo poco a poco al mundo real después de un largo e idílico vínculo simbiótico madre-hija/hija-madre. Se prepara ansiosa como cuando tenía una cita, disimulando la emoción para que no se note frente a su familia. Otra vez el jean le calza como hace dos años atrás, los tacones le cierran a la perfección y vuelve a peinarse el cabello con el secador en mano. Sale por la puerta sintiendo que todo lo dejó medianamente en orden: la casa recogida, su marido amigable y su hija dormida profundamente. No camina, vuela hasta el metro que la lleva a la inauguración del piso de Juliette. Sí, recupera la sensación de mujer libre, social e independiente, una parte importante de su personalidad que quedó entre paréntesis desde el comienzo de su embarazo. Ana se está despertando lentamente y vuelve a reconocer sus manos para marcar las teclas que le permiten decir al mundo lo que piensa. Respira profundo y experimenta la alegría inmensa de encontrarse del otro lado del espejo y aunque de prisa, siempre de prisa, se mira y se ve entera. Mientras toma una tostada con miel y queso disfruta de los recuerdos entremezclados que cada una expone sobre noches fugaces para no olvidar. Moja en humus un bastón de zanahoria cuando la vida laboral se sienta a la mesa para entrar en conversación. “Las profesiones tradicionales han cambiado de nombre pero lo importante es saber que esto ha pasado para re-inventarse”, “Me imagino que ya estás en Linkedin”, “¿Cómo se llama tu blog?”, “Internet se ha convertido en una herramienta imprescindible para las búsquedas laborales”, “A través de las redes sociales profesionales te llega información valiosísima para leer y compartir en el trabajo”, “No olvidemos que formarse siempre es primordial, pero tú ya eres una Project Manager (antes arquitecta) y tú una Community Manager (antes periodista digital)”. De repente, los hijos entran en escena. “¿Ya camina? No, aún no pero quiere estar de pie permanentemente”, “Yo alucino de cómo comprenden desde tan pequeños: le digo vamos a pasear y me pone cara de felicidad, tiene sólo 10 meses”. Mermelada y paté, fotos y vídeos de por medio bajados de Facebook a través del Smartphone y la afirmación clara de que cómo desde bebés los niños están familiarizados con otras tecnologías que hace pocos años atrás eran impensables. “Nosotras seguro recordamos cuál fue nuestra primera experiencia con Internet, cuándo no sabíamos que significaba @ o cómo podíamos enviar un mensaje por mail”, “En muy pocos años pasamos de la web 1.0 a la web 2.0 y ahora ya está en auge la 3.0”, “¿Qué es eso de la web 3.0?”, “Espera que lo busco: la 1.0 fue la de la accesibilidad de la información, la 2.0 la del intercambio de información de manera on-line y la 3.0 es una web inteligente que procesará datos para filtrar tanta información que está dando vueltas dando como resultado una búsqueda específica”.
Ana mordió un pedazo de jamón serrano saboreando el gusto de los buenos momentos y preguntándose cómo habían llegado hasta allí en la conversación. Al mejor estilo de la navegación virtual la velada se había convertido en un conjunto de emociones expresadas, datos cruzados, opiniones diversas, discusiones enriquecedoras, partes del escenario real al que pertenecía aquella red de amigas. Ana había vuelto a sentirse parte de sí misma, dueña de sus actos y sus pensamientos para compartir con la comunidad de mundos que la rodeaba. Volvió a su casa con la certeza de que recordaría esta noche con la etiqueta de
Me gusta para retrasar una hora el reloj por el cambio de horario de verano en Europa y escribir este retazo de vida que colgaría en su blog tres horas después de acabar la cena del sábado por la noche.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Lucía y mamá


Dicen que “el orden de los factores no altera el resultado”. Hace unos meses atrás les explicaba mis sensaciones como Carla con la llegada casi inminente de Lucía a nuestras vidas. Hoy ella está por cumplir 6 meses y el orden de prioridades ha cambiado. Lucía ha traído una luz propia e incandescente, ganas de amar la vida y una sonrisa a flor de piel por cada nuevo aprendizaje. Ha llenado los días y las horas de una manera inconmensurable y me ha convertido en mamá, principalmente en mamá que sufre, ríe y canta como mamá. Mamá que sueña, lucha y llora como mamá. Mamá nervios, mamá paciencia, mamá en silencio pero planeando la logística de los próximos 5 minutos cuando el tiempo pasa a la velocidad de la luz y sólo cumplimos con lo que nos corresponde: ejercer/trabajar de mamá.
Este ser que ya no está en la nuez de mi cuerpo representa hoy una coctelera incontrolable de emociones que llega a estremecer mis más profundas entrañas. Despertar agitada, conectarnos con la niña que llevamos dentro, servir urgentemente, sentir remembranzas por un pasado no tan lejano que de golpe quedó atrás porque nos hicimos mujer pero que ahora vuelve para trasmitir, transportar y hasta proyectar-nos en nuestros hijos. Tararear canciones de cuna, sacar de la galera la magia de la música que nos hizo crecer, reflejarnos en nuestras madres, necesitarlas aunque estén lejos y así desarrollar nuestro sentido común y nuestra capacidad de decisión haciendo lo difícil, posible y lo casi imposible, algo concreto. Correr la carrera de los segundos que puede cambiar una situación que no concebíamos momentos anteriores: una caca, un grito, un pañal, una risa, una mancha, un baño, un sonido, una siesta, una teta, una voz, una papilla se vuelven incompresiblemente importantes. Agudizar la atención y la tensión, tornarnos especialistas de la cotidianeidad y tirar de la intuición que nos dicta al oído cuando parece que nos quedamos sin letra son las tareas de todos los días.
Los impulsos y las pulsiones juegan a las pulseadas entre morirnos por comernos su piecito a besos o tirar por la ventana su taladrante llanto que no tiene motivo alguno para agobiarnos. Derretirnos cuando se ríe a carcajadas porque su papá le besa la panza y desesperarnos cuando parece que todos los intentos por dormir son fallidos. Enamorarnos de su mirada intensa y sus labios perfectos y aguantarnos las ganas de gritar cuando esos mismos labios son los que succionan hasta lastimar el pezón que les da de comer. Aprender a amar o sacarnos un curso avanzado de cómo amar imperfecta pero verdaderamente.
Y así nuestro Yo se queda en un rincón esperando ser salvado, rescatado del cansancio, seducido por una impetuosa noche de pareja, narcotizado por la droga de “un momento sólo para mí”, embriagado por las garras de una idea emprendedora, envuelto en la sombra de la mujer apasionada y convencido de que el orden de los factores ha modificado el resultado hacia un ser mucho más completo que antes de vivir esta maravillosa experiencia de ser mamá.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Muerte de Osama Bin Laden

A punto de traer una hija al mundo aún me revela más la alegría generalizada por el asesinato de un mortal que nadie, a mi modo de ver, tenía derecho a decidir. Más allá de todas las atrocidades cometidas continúo defendiendo la vida y no creo que la muerte de Osama Bin Laden redima el dolor, calme el sufrimiento de las víctimas y sus familias o solucione el conflicto político-religioso-social del fundamentalismo en el mundo. Al contrario, el clima social es todavía más conflictivo: las alertas por posibles atentados han aumentado en varios países, el controvertido escenario en muchos de los países árabes no se ha mitigado y las consecuencias no se saben hasta qué límites se extenderán. Pero más allá de adentrarme en lo que nos muestran como argumentaciones oficiales y “válidas” para justificar la muerte del líder de Al-Qaeda, me niego a aceptar que “el fin justifica los medios” o que “muerto el perro se acabó la rabia”.
La vida es una oportunidad y no tenemos derecho a quitársela a nadie porque sino estamos jugando con las mismas armas que rechazamos, vengándonos de los mismos motivos que aborrecemos, pagando con la misma moneda lo que nos parece inadmisible.
Matar a alguien no es una actitud inteligente, no es un signo distintivo de lo humano, no nos aportará serenidad. Nos han vendido una vez más un guión hollywoodense, mostrándonos el show que EEUU preparó para el resto del mundo: íconos de helicópteros sobrevolando una casa en Pakistán, cinco personas, entre ellas una mujer aparentemente con una relación conyugal con el principal enemigo, no iban armados y sus cuerpos fueron tirados al mar después de un ritual islamista. No nos enseñan imágenes reales porque desmitificarían tal hazaña, le restaría ese valor fundamental de efecto virtual e imaginario que tienen las películas, aunque sí publican las fotografías de la cúpula del gobierno norteamericano reflejando la preocupación y niveles de stress vividos durante la Operación Jerónimo para que no olvidemos que ellos son los mentores reales de este espectacular escenario mediático.
Alegrándonos, festejando, manifestándonos a favor o justificando los motivos de la muerte compramos el guión que nos vendieron, olvidamos los valores de la vida y una vez más no dejamos espacio para la reflexión.

lunes, 4 de abril de 2011

Carla y Lucía


Mis días y mis noches tienen el nombre de Lucía. Mi madre me dijo una vez que desde el mismo momento de concebir la palabra hijo o hija, esa sería una unión que me acompañaría hasta el final de mi vida.
A los 7 meses y medio de embarazo la vigilia y el sueño se alteran para producir incansablemente y hasta el cansancio extremo -valga la contradicción- las mejores sensaciones de estar viva. Una fina luz de linterna en la barriga, una caricia, una melodía, una postura, un sabor, una voz, un ruido despierta los movimientos de Lucía que tejen la satisfacción o el descontento y que la naturaleza me permite sorprendentemente interpretar y trasmitir.
Las embarazadas inspiramos ternura porque somos portadoras de la sensibilidad en su máxima expresión y no es algo que hayamos elegido, sino que hemos sido elegidas por la naturaleza y he aquí lo maravilloso. Creo en los vínculos con la vida cuando nos estremecemos por una luna llena, cuando una sonrisa puede más que cualquier enojo, cuando un color nos da buena energía, cuando un té nos trae el equilibrio del momento, cuando una película nos deja un mensaje, cuando una canción nos hace disfrutar. Por eso, creo en esta etapa de la gestación en la que nos preparamos madres y padres para caminar juntos por un sendero hasta este instante desconocido donde nos conectamos con el principio de las cosas.
Qué fuerte es pensar que hasta hace muy poquito atrás mi manera de pensarme era como único individuo que elegía relacionarse con el resto de seres y así con el mundo y ahora me he convertido en 1 + 1, en una Carla y una Lucía juntas, en una Carla, casa de Lucía, en una Lucía, huésped de Carla, en una madre y una hija.
Siempre me ha parecido que las experiencias nos dan sabiduría y me alegro por estar viviendo ésta que ya me ha aportado y me aportará nuevos aprendizajes para continuar caminando.

domingo, 23 de enero de 2011

Lucía me ha traído hasta aquí



Ha pasado tiempo y con él un buen capítulo de mi vida. Las palabras escritas a veces se alejan para re-significarse y volver a nacer cuando verdaderamente vale la pena. Hernán Casciari se tomó algo así como un año para anunciarnos un día que estaba gestando una revista con su mejor amigo El Chiri, por qué no pude ausentarme también yo para anunciarles hoy que junto a mi mejor compañero de ruta, Gustavo, pariremos a Lucía, nuestra hija, el próximo mes de mayo. ¡Qué hermosa oportunidad para continuar sumando aprendizajes y quizás de los más importantes!
Tarta de palabras está preparando su mejor versión, su mejor plato, su mejor tarta y las sensaciones son inigualables. En este proceso en que uno se convierte en dos personas: una, la que ya venía acompañándote y, otra, la que empieza a formarse dentro de ti poco a poco para transformarte transversalmente, valoro la importancia de haber aprendido a ser yo y saber que a partir de ahí partirá mi norte. Ese es el legado que puedo dejarles de mi año 2010, un balance muy positivo. Hay gente que me ha pedido que escribiera al final del año pasado para despedir más que con creces y agradecimiento los 365 días vividos, pero he preferido esperar el comienzo de una página en blanco que siempre es un desafío y que se inicia en enero. Esperaba el impulso, la necesidad incontenible de tener que decir, la imposibilidad de no poder seguir durmiendo por tener que escribir. Extrañaba esa emoción que sólo surge cuando quiere y por eso es tan maravillosa. No hay una obligación ni una frecuencia, pero sí un compromiso con la letra que uno se resiste a romper. Lucía me ha traído hasta aquí, al lugar del gozo infinito de lo dicho, a la sutil capacidad de leerme entre líneas, al descubrimiento de lo más propio para contarles que si la felicidad tiene este lenguaje de chispas que se encienden en determinados momentos de la vida, hoy estoy en una de sus explosiones y no podía dejar de compartirlo.

miércoles, 31 de marzo de 2010

La vendedora de ideas


Día libre. Hoy el sofá es su mejor refugio. En realidad su mejor refugio es su imaginación. Ana ha aprendido a revelarse contra la angustia pensando, resistiendo a la sinrazón siendo conciente, jugando partidas con el sentido común y la inteligencia, ganándole a la incoherencia varias carreras de sensatez. Pensar no tiene barreras y nadie nunca podrá saber lo que ella descubre en cada paso de la vida. Así consigue sentirse libre: moviéndose, amándose, reinventándose. Ana se ha transformado en una vendedora de ideas.
Cuando se levanta por las mañanas busca la energía en ese rincón de la cama que le promete que seguirá allí cuando ella vuelva de regreso a su casa. Se viste de prisa poniéndose el uniforme que la hace igual a todos sus compañeros, pero sabiendo que su piel sólo le pertenece a ella. Zumo de naranja, barrita de cereales, yogur, queso y la auto-promesa casi reiterativa al tomar el sorbo de té que hoy no se pondrá nerviosa. Mientras está en el metro lee tres líneas de su libro de “La Buena vida” que le recuerda que puede evadirse de las obligaciones aunque sea por veinte minutos. Llega a su trabajo corriendo y se sumerge en los pasillos de un submundo verdoso hospitalario y laberíntico hasta llegar a su taquilla 384. Vuela para guardar su chaqueta y en un chasquido de dedos sube al mundo fantástico del gran almacén por las escaleras elevadoras de estima cuando una voz seductora da los buenos días a los clientes y los invita a pasear por el paraíso. Ana abre la caja, cuenta los billetes que no le pertenecen pero que le dan la tranquilidad de que sigan allí cuadrando las cuentas. Plumerea el polvo, dobla, recoge, ordena milimétricamente las perchas para sentir que cada cosa está en su lugar menos su cabeza. Rápidas, seguras y efectivas mueve sus manos y sus piernas para actuar en ese escenario su mejor papel. Habla de prendas y posturas, combina texturas y argumenta con palabras bien dichas lo que otros quieren escuchar. Ana desafía otros lenguajes, genera preguntas y entre sedas y algodones construye mundos inigualables. Charla con los colores y las telas, imagina eventos e inventa personalidades infinitas. Con la chaqueta dorada Kate irá a la boda de su hijo Ryan. Con la faldilla negra y la blusa de cebra Roser impactará a su amante en el hotel aquella noche. Con la camisa crema Ornella le pedirá a su marido que le pague la operación de tetas, mientras Ana aprende que el punto no es sólo un punto y aparte y que la primavera además de flores hace florecer ilusiones de juventud que se compran con una billetera. Ella recicla ese mundo cocinando historias para no perder el hilo de la suya y cuando vuelve a casa necesita aire puro, crema hidratante y el balsámico amor que todo lo puede para enfrentar una noche adulta y al otro día volver a empezar.

domingo, 31 de enero de 2010

De papel maché


Córdoba, Argentina, 30 de enero de 2010. El diario La Voz del Interior anuncia hoy que se verá una intensa luna llena a las 20 horas porque la Tierra y Marte están cerca del sol, mientras los cortes de luz en la ciudad son intermitentes tras una jornada más de agobiante calor.

Barcelona, España, 30 de enero de 2010. La Vanguardia anuncia 4º de mínima en la ciudad, reticencia social a la propuesta gubernamental de extender el límite de edad jubilatorio a los 67 años y la postulación de Barcelona para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 sin especificar cómo se conectarán Los Pirineos a la ciudad condal.

Paula y Sebas no saben si alguna vez podrán encontrarse, a qué hora de qué día, en qué año de quién sabe qué lugar y seguramente los diarios no hablarán de ellos aunque la Tierra y Marte alcancen a tocarse y provoquen luna intensa y haga calor o frío húmedo y estén por llegar al declive de su edad y sea 2022 y se crucen en los Pirineos de la eternidad y hayan Juegos Olímpicos, cortes de luz o destellos en la noche. Ellos no saben qué pasará y por eso esta historia tiene sentido. Ella escucha su voz en el teléfono y un nudo en el estómago le impide seguir hablando, mientras del otro lado cada palabra parece ser una caricia que dibuja la imaginación.
Paula y Sebas cuentan los silencios, se resguardan en sus caminos y tienen miedo a morir sin haberse besado aunque sea una vez.
Paula y Sebas son de papel maché, odian el invierno y juegan a las escondidas con sus palabras como regla. Recuerdan bancos de facultad, libidos cruzadas y lágrimas de despedida. Aunque el tiempo pase y las vidas recorran otros mundos se reservan en un rincón del alma alguna letra para esta canción, alguna escena para esta película, alguna línea para este guión.

viernes, 15 de enero de 2010

Ana de chocolate



Ana se levantó aquella mañana con la sensación de miedo que conlleva cualquier situación nueva. Empezar este año nuevo le traía cosquillas en la panza como cuando se subió por primera vez a una montaña rusa, cuando le dieron el primer beso en la boca o cuando acabó su último examen de la carrera. Era tan conciente de lo que iba sintiendo que a veces se enojaba con ella misma, deseando que las cosas le pasaran más desapercibida pero no lo lograba.
Ella sabía que diciembre era un mes de balances, mientras que enero un mes de planes y elecciones. Tenía planes pero no sabía si la vida le permitiría hacerlos realidad porque sabía que ella conducía el timón de su existencia pero que la realidad también condicionaba los caminos. ¿Cómo serían los caminos de este año? Le encantaba sentir que los meses venideros eran como páginas en blanco por escribir y que se sorprendería una y otra vez de lo que seguramente acontecería.
Ana estaba en revolución desde hacía algunos años y aún no había logrado ordenarse. A veces le parecía estar corriendo una carrera hacia la reinvención gastando mucha energía sin poder recuperar del todo la respiración tranquila. Aunque al galope de las circunstancias confiaba en sus capacidades y siempre continuaba luchando. Cada vez que bajaba una cuesta alta y difícil miraba hacia delante y creía que los sueños eran posibles.
Coleccionaba antiguas heridas cicatrizadas y otras tantas por cicatrizar, guardaba a su amor imposible en una cajita para poder hacer literatura cada vez que le apeteciera y jugaba con los vaivenes de su imaginación. Cuando escribía se tomaba pausas de conciencia y creía estar viviendo en su propio mundo. Esas licencias le pertenecían y nada ni nadie podían quitárselas.
Cuando estaba triste recordaba la primitiva sensación de estar a salvo en los brazos de su madre o la sonrisa de una amiga que la conocía con tan sólo escucharle la voz o se comía un trozo de chocolate que le calmara las ganas de llorar.
Aquella mañana mordió el chocolate como buscando encontrar la energía que le faltaba, rompiendo las reglas de la buena dieta que recomiendan comerse una fruta en ayunas, luego un yogur o una infusión. Saboreó cada partícula de cacao como un juego que seducía al día de hoy. Olió el aroma de azúcares y almendras para encontrarse con ese costado del placer que le ayudaba desde pequeña a enfrentar los retos. Acarició la textura blanda del chocolate derretido en sus labios y quiso subir a la montaña rusa, besar a la vida, acabar de dar examen y dejar al miedo guardado en una cajita.

lunes, 21 de diciembre de 2009

¿Cuántas Navidades tienes tú?


En esos días en que la palabra Navidad es una de las más nombradas Brisa se preguntó por su significado. Caminaba hacia la parada del bus cuando pensó que el día recién comenzaba y faltaba mucho por vivir. Cada vez que llegaba esta fecha se sorprendía y cada año aún más. Se miró a través del cristal del edificio de metal. Aquel edificio parecía encenderse cada vez que el sol pegaba contra él y refractaba la luz, la luz que le devolvía su imagen de sombras. Reflexionó entonces en qué luces se habían encendido desde la Navidad pasada. Creyó en ese instante en que la vida es un brillante que tiene muchas caras y los hombres elegimos cuál de todas queremos ver. Para los ciegos los ojos son las manos, para los sordos los oídos son los ojos, para los mudos las palabras son los sentimientos, para los necios la inteligencia, casi un imposible y para los inteligentes las experiencias, los aprendizajes.
De pequeña le habían enseñado que la Navidad era un nacimiento y más allá de Jesús el preludio de una bienvenida a un año nuevo, a una nueva luz, a nuevas experiencias, a nuevos aprendizajes, a nuevos oídos, a nuevos ojos, a nuevos sentimientos. Pero la realidad no coincidía con aquella idea temprana e ideal de lo que era la Navidad para muchos o tal vez para la mayoría. El siglo XXI se había instalado en su retina para abrumar cualquier reflexión. Parecía haber mezclado los valores y repartir con las cartas de la fortuna. Del nacimiento habíamos pasado al precio como sin darnos cuenta. El precio de un trabajador se medía en botellas de cava, el amor filial en la última versión de la play station y la concordancia de géneros con el título “Las mujeres que aman demasiado”.
Qué olvidados tenemos a los significados y con qué poco podemos significarnos.
Brisa aquella mañana llegó a su trabajo con un millón de interrogantes y una caja más pequeña y diferente a la de sus compañeros la esperaba para premiar su desempeño. Debía agradecer ser tenida en cuenta, ya que peor era que no se acordaran de ella. Hacía tan sólo días que trabajaba como “refuerzo de Navidad” en una tienda de la Plaza Mayor. El lote de Navidad, el regalo empresarial, el presente de fin de año o como quisieran llamarle estaba allí tímidamente apoyado en un rincón, esperándola y recordó entonces que estábamos en el mundo de la cuentas. ¿Cuánto vale aquel reloj? ¿Cuánto vale tu tiempo? ¿Cuánto cuesta aquella idea? ¿Cuánto cuesta tu talento? ¿Cuánto vale una caja de bombones y cuánto tu esfuerzo? Cuánta paciencia, cuánto de caja, cuánto de tiempo, cuánto de esfuerzo. ¿Cuántas Navidades tienes tú? ¿Cuántas luces se encendieron? ¿Cuántas cosas aprendiste? ¿Cuánto sabes? ¿Cuánto vales? ¿Cuánto dices? ¿Cuánto quieres? ¿Cuánto sirves? ¿Cuánto crees? ¿Cuánto amas? ¿Cuánto naces? ¿Cuánto vives?

PD: ¡Feliz Navidad y Feliz 2010 para todos!